El pasado miércoles se hizo público que la Fundación Princesa de Asturias concedía el Premio de la Concordia a “Los sanitarios españoles que trabajan en primera línea contra la COVID-19”.

Es un merecido reconocimiento a su labor.
*****
He leído el titular y me he alegrado. Y he contemplado reacciones similares en otras personas que, en RR SS, o en comentarios privados, han querido hacer saber su satisfacción porque, como se expresa en el acta del jurado“con su heroico espíritu de sacrificio, y asumiendo graves riesgos y costes personales, incluso la pérdida de la propia vida, se han convertido ya en el símbolo de todas las personas, instituciones y empresas enfrentadas a esta pandemia, reconocido como tal con constantes muestras de agradecimiento y solidaridad”.
*****
Pero vuelvo a leer el titular y hay algo que no me gusta del todo.
No importa que siendo una pandemia global, se hayan fijado en los sanitarios españoles, como si los de otros lugares no hayan mostrado un sacrificio y una entrega similar. En lo que la Fundación denomina trayectoria (una explicación más detallada de lo que resume el acta), ya se ocupan de señalar que “medios internacionales […] han destacado también la labor de los sanitarios de España y han subrayado la abnegación en el desempeño de su cometido”, pese a que sólo apunten un medio: The New York Times.
Pero no es eso. Asumo que en la concesión de premios hay una cierta tendencia a barrer para casa.
No es eso, no.
Vuelvo a leer: “los sanitarios españoles que trabajan en primera línea…”.
“Los sanitarios españoles que trabajan en primera línea…”.
“En primera línea”.
¿Primera línea? ¿Qué es esto de primera línea?
*****
No es un criterio médico. La terminología del ámbito sanitario ha sido desplazada por otra, ajena, donde el concepto primera línea tiene sentido.
En la exposición de motivos que se detallan en la trayectoria se encuentra pronto la explicación: “Los profesionales sanitarios españoles en contacto directo con los pacientes afectados por la COVID-19 conforman la primera línea en la lucha. Y, siguiendo esa línea argumental, se emplea una colección de términos bélicos“este grupo se ha colocado en la vanguardia de un combate”“están implicadas, de forma intensa, otras empresas y, de una manera especial, el Ejército y las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado”“España es uno de los [países] que con más virulencia ha sufrido su impacto”.
El empleo del símil militar hace que resulte más sencillo emplear metáforas.
Pero el uso de símiles o metáforas es delicado. Son imprecisos, son inexactos y llevan adheridas ciertas cargas (emocionales, entre otras) procedentes del ámbito originario (el bélico en este caso).
Es necesario recordarlo: la COVID-19 es una enfermedad, no es una batalla.
Por su amplia expansión se ha convertido en una pandemia, no en una guerra.
Despedirse de toda esa terminología será bueno, porque no habrá una carga añadida innecesaria; procederá toda del ámbito médico-sanitario; será consustancial a la enfermedad y, por tanto, inevitable.
El premio Princesa ha supuesto un reconocimiento para la metáfora bélica; la ha institucionalizado. Eso no es una buena noticia.
*****
No dejo de darle vueltas.
“Los sanitarios españoles que trabajan en primera línea…”.
¿Quiénes trabajan en primera línea?
Supongo que los que desarrollan su labor en atención primaria, en Centros de Salud, dispensarios, ambulatorios, …
Imagino que también incluye a quienes prestan servicio en Urgencias y Hospitales.
¿Y los que están en planta? ¿Los de atención especializada? ¿UVIs y UCIs? ¿Quirófanos? ¿Todos caben dentro del reconocimiento?
¿Existe primera línea porque hay segunda línea? ¿Quiénes quedan fuera? ¿Qué sanitarios no merecen reconocimiento? ¿Acaso no estaba excedido el sistema y todos los servicios estaban sobrecargados? ¿Quizá otras especialidades médicas no vieron alterada su labor habitual, en algunos casos por saturación y en otros por suspensión, dificultando su labor? Y esos sanitarios que cedieron personal, espacio, recursos, ¿no son merecedores de reconocimiento?
*****
¿Cómo no darse cuenta que en un recinto cerrado, cualquier Hospital, el frente de batalla podía estar enfrente de la retaguardia?
¿Cómo no comprender que el sistema sanitario es eso, precisamente eso: un sistema, y que sus partes están imbricadas en relaciones complejas que exceden la consideración territorial delimitada por líneas establecidas de manera arbitraria?
*****
“Los sanitarios españoles que trabajan en primera línea…”.
¿Quiénes son los sanitarios? ¿Médic@s? ¿Enfermer@s? ¿Auxiliares? ¿Celador@s? ¿Limpiador@s? ¿Administrativ@s? ¿Fisioterapeutas? ¿Psicólog@s? ¿Cociner@s? ¿Técnic@s de radiología o laboratorio? ¿Gestores? ¿Farmacéutic@s? ¿Personal de seguridad? …
Todas las personas que trabajan en un Hospital, o en un Centro de Salud, ¿son sanitarios?
Fuera de esos recintos delimitados queda claro que el Ejército y las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado están incluidos en el reconocimiento; se les menciona de forma explícita.
Pero, ¿ambulancias?, ¿farmacias?, ¿servicios funerarios?, ¿tanatorios?
¿Qué pasa con ellos? ¿Son sanitarios, o no? ¿Merecen reconocimiento?
Y, yendo más lejos, los servicios no sanitarios que el Gobierno decretó esenciales, ¿quizá no eran tan esenciales?
*****
Sé que planteo muchas preguntas; estoy seguro que, según para quién, no serán demasiadas.
*****
Concluyo: el premio de la Concordia de la Fundación Princesa de Asturias reconoce la metáfora bélica.
La institucionaliza.
No es una buena noticia.

Haz un comentario